Harold Espinal/ octubre 22, 2017/ Articulos

Posiblemente una de las dificultades más grandes a la hora de escribir (al menos para mí) es el cómo iniciar. Cómo arrancar para introducir el tema. Porque generalmente cuando uno empieza a escribir ya sabe dónde va a terminar (recálquese el generalmente) y de qué manera se va a desarrollar el tema o en este caso el post, pero la parte inicial, irónicamente, es la que se suele dejar para lo último, así que decidí asumir esa deficiencia con sinceridad y de la forma más abierta posible, mostrándome ante usted, querido lector, vulnerable e imperfecto.

Una tarea que tampoco fue fácil. Nuestro instinto de preservación y ese cerebro reptiliano nos pide a gritos el ocultar cualquier debilidad y nos alerta para correr en la dirección opuesta en ese preciso segundo en el que nos percatemos de una dificultad o una prueba.

Esto es algo que nuestra carne y el mundo nos han enseñado tan bien, que tendemos a reaccionar del mismo modo cuando llegamos a ser creyentes, hijos de Dios, discípulos de Jesús, seguimos teniendo miedo de las dificultades y queremos alejarnos lo más pronto posible de la tormenta.

Curiosamente, Dios nos enseña algo muy diferente en su Palabra.

“Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos

a pruebas de toda clase.” – Santiago 1:2

Tenerse por muy dichoso, considerarse sumamente dichoso cuando se pasa por toda clase de pruebas. Tal vez usted sea como yo, y no se considere ni pequeñamente dichoso en ninguna clase de prueba.

Hoy quiero compartirle un poco de mi propia experiencia, y del entendimiento que Dios me ha dado para manejarlo en mi vida personal, con la intención de que pueda ser útil para usted en alguna medida, sino al menos le ayude a estar consciente del tema.

He llegado a la conclusión de que para nosotros el correr gustosamente hacia la tormenta es un idea impensable a causa de 3 razones.

 

1 – El mundo nos enseña a evitar el dolor

Desde pequeños crecemos con la concepción de que sufrir es algo malo que debemos evitar a toda costa. Y peor aún, nos venden la idea de que es posible ir por la vida y nunca salir herido ni pasar por dolor. Muchas veces hemos comprado esa fantasía y por eso al instante de pasar por un momento de dolor o enfrentarnos a una adversidad, creemos que algo está mal, que es injusto, que estamos siendo castigados, o algunos llegan a pensar que Dios los abandonó o incluso que Dios no existe, porque de serlo no permitiría ese dolor. (Punto que ya tocaremos más adelante). No hay concepto más errado de las pruebas que ese. Por eso debemos de cambiar nuestra manera pensar como dice Romanos 12:2, separarnos de las enseñanzas del mundo y ajustarnos a la verdad de Dios.

Constantemente luchamos por mantenerlos lejos de cualquier cosa que pueda causarnos dolor y se nos olvida que el dolor también significa experiencia y aprendizaje.

La Biblia en ninguna parte menciona que la vida va a ser fácil, que nunca van a llegar momentos de sufrimiento o que nunca vamos a vernos en medio de un tormenta.

Por el contrario, nos dice que las tormentas y las pruebas van a llegar, pero también nos dice que las pruebas son pasajeras, nos dice que a través de ellas se forja nuestro carácter y se fortalece nuestra fe. Ciertamente hay crecimiento y enriquecimiento en todo sentido para nuestra vida al finalizar una prueba.

Yo le motivo a que busque esas verdaderas que la Biblia tiene acerca de las dificultades y cambie su manera de pensar al respecto. Acá comparto algunas de mis favoritas.

“Por esta razón están ustedes llenos de alegría, aun cuando sea necesario que durante un poco de tiempo pasen por muchas pruebas. Porque la fe de ustedes es como el oro: su calidad debe ser probada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir. De manera que la fe de ustedes, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca.” – 1 Pedro 1:6-7 (DHH)

 

“Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla.” – 1 Corintios 10:13 (DHH)

 

“El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza.” – Salmos 34:18

Este Salmo me encanta porque me recuerda que cuando más dolido me siento, Dios más cerca está.

Lo que me lleva al siguiente punto de por qué no queremos pasar por momentos de dolor

 

2- Nos creemos solos y abandonados

Como mencioné en el punto anterior, nos han vendido la idea de que una vida sin dolor es posible y que además nos la merecemos, por eso a la primera señal de problemas en nuestra vida, casi de manera automática reclamamos a Dios “¿por qué me abandonaste?” “¿por qué te has ido lejos de mí?”

Una de las enseñanzas más grandes y transformadoras que he sentido de parte de Dios, fue justamente en medio de una prueba. Y el mensaje que creo Dios puso en mi corazón en esa ocasión fue el que debía de aprender a reconocerlo, escucharlo y sentirlo, aún en medio de la tormenta.

Estando en total oscuridad, en lo incierto de la prueba, tenemos que tomar un momento para calmarnos, respirar profundamente y reconocer que no estamos solos. Dios no nos abandona cuando llega la tormenta, al contrario, está más cerca nuestro; pero el miedo y la angustia que nos genera la adversidad, llámele dificultad financiera, desamor, enfermedad, muerte, no nos permite reconocerlo.

Para lograrlo necesitamos hacerlo en intimidad con Dios. Por medio de la oración y de la adoración debemos crear una relación tan cercana con el Espíritu Santo que nos permita oírlo en medio del bullicio de la tormenta, reconocerlo aún en los momentos de absoluta oscuridad, sentir el calor de su presencia hasta en la más fría soledad de la prueba.

“Clama a mí y te responderé” – Jeremias 33:3a (NVI)

Jesús nos prometió un Consolador, alguien tan maravilloso que era más conveniente para nosotros que él se fuera, para que a cambio nos enviara a su Espíritu Santo para consolarnos en momentos de angustia, para darnos paz, fortaleza y valor; pero si nos fijamos bien, todas esas cosas se requieren solo cuando hay pruebas. Aprovechemos esas tormentas para acercarnos y conocer mejor a nuestro consolador y defensor.

“Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho.” – Juan 14:26

El tercer y último punto por el cual creo que se nos hace casi imposible sentirnos dichosos y correr hacia la prueba, es tal vez un resultado de los dos anteriores.

 

3- No nos gusta el dolor

Ya sea un mecanismo aprendido o un instinto de nuestro propio cuerpo, no nos gusta el dolor, así de simple. Vemos cualquier situación de dolor como una tragedia total, incluso nos sentimos mal por los que pasan por esas circunstancias “uuhh pobrecito, se quedó sin trabajo” … un proyecto que fracasó, un accidente, una enfermedad, una discapacidad, etc, etc… Son señales 100% negativas, ¿cierto?

Sin embargo en el mundo hay miles de historias de personas que aseguran que su vida cambió radicalmente (para bien) luego de un accidente. Hay cientos de personas que reconocen la importancia de haber fracaso antes de ser exitosos. El baterista Peter Best, renunció a The Beatles, justo antes de que su fama estallara y fuera reemplazado por Ringo Star. Best, a la fecha afirma que fue la mejor decisión de su vida. Y podría enumerar muchos ejemplos más de situaciones que creemos son “negativas” y que pueden llevarnos a un nivel completamente nuevo de satisfacción, plenitud y fe.

Desde pequeño padecí de dolores articulares e inflamación. Dolores insoportables para un niño. Tengo el recuerdo de infinidad de noches en vela, sin poder dormir debido al dolor.

Visitas constantes a diferentes médicos y clínicas tratando de encontrar una causa lo suficientemente creíble para ser aceptada por mis papás. Mi niñez y adolescencia estuvo llena de tratamientos, desde los más convencionales hasta los meramente experimentales, pasando por homeopatía, acupuntura, electroacupuntura, musicoterapia, baños de agua caliente, baños de agua fría, quiroprácticos y la lista continúa.

Recuerdo crecer pensando en la desdicha que ese dolor trajo a mi vida. Mucho tiempo después, al acercarme a Dios y recibir el regalo del sacrificio de Jesús en mi vida y al dejar que Dios fuera sanando esas heridas, me di cuenta de cómo ese dolor me permitió buscarlo a Él en los momentos de mayor sufrimiento, me permitió conocer y recibir un amor incondicional de parte de mis padres, porque así como recuerdo las noches sin dormir, también recuerdo a mi madre a mi lado acompañándome, recuerdo a mi papá buscando e investigando sobre cuanto tratamiento existía, ver el tiempo que invirtieron en llevarme a doctores y clínicas, sacrificando su propio tiempo y dinero.

Hoy no cambiaría ese dolor por nada. Un dolor y una prueba que me dejó recibir un amor tan puro como ese y que además el amor de Dios, todavía más grande, ha removido ese dolor de mi corazón.

Son los momentos difíciles, no los fáciles, los que crean los vínculos más fuertes y poderosos. Es en medio de la prueba y la dificultad donde Dios nos acerca más firmemente contra su pecho y nos susurra al oído, “aquí estoy hijo mío, sé fuerte y valiente.”

Hoy entiendo las palabras de Job, quien después de todo lo que sufrió y todas las situaciones extremas de dolor que tuvo que vivir, pudo decir lo siguiente

“De oídas había oído hablar de ti,

pero ahora te veo con mis propios ojos.” – Job 42:5

Es a través del dolor y de la prueba donde podemos llegar a conocer íntimamente a Dios y reconocerlo con nuestros propios ojos.

Siéntase dichoso de pasar por esa prueba que está atravesando, por la que ya se acabó o la que está a punto de llegar. Clame a Dios en medio de esa tormenta para que pueda reconocerlo y darse cuenta de que NUNCA está solo.

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Harold Espinal
Colaborador / Escritor emergente en Keleuo
Creativo, idealista, comunicador, publicista, aficionado de colorear libros, seguidor de Jesús.
Durante casi 10 años Harold trabajó en agencias de publicidad como Creativo y Planner, donde llegó a ser Director General Creativo en una agencia local. Actualmente se concentra como asesor de comunicación, también se desempeña como líder de comunicación y charlista en la organización cristiana Theos Place.
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Acerca de Harold Espinal

Creativo, idealista, comunicador, publicista, aficionado de colorear libros, seguidor de Jesús. Durante casi 10 años Harold trabajó en agencias de publicidad como Creativo y Planner, donde llegó a ser Director General Creativo en una agencia local. Actualmente se concentra como asesor de comunicación, también se desempeña como líder de comunicación y charlista en la organización cristiana Theos Place.